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Traducción libre de una joyita literaria

Archivado en General • Fecha: 19-06-2007 20:06:23

Esta escena pertenece a la novela de suspenso del escritor brasileño Rubem Fonseca “El gran arte”, del cual no sé si hay traducción al español. La misma dio origen a un largometraje homónimo -el primero dirigido por el director brasileño Walter Sales-, producido conjuntamente por Brasil y Estados Unidos. Se trata de la brillante autopresentación de un personaje simplemente maravilloso. Que lo disfruten

Un hombre estaba hablando com Wexler cuando entré en su escritorio.
Gesticulaba mucho y Wexler parecía muy interesado en lo que le decía.

“Este es Mandrake”, dijo Wexler.
“Yo soy José Zakkai”
‘Te vino a buscar y mientras te esperaba nos quedamos conversando. Me contó una historia” –pequeña pausa- “extraña.”
“Soy yo, el Nariz de Fierro”, dijo el hombre acomodándose en la butaca como si fuera a emprender un largo viaje. “Percibo que está queriendo catalogarme, pero no le servirá de nada, ni yo mismo sé si soy blanco o negro, moro o judío, lo que además de todos modos no tiene ninguna importancia. Soy un hombre que sabe de las coss, paso los días al teléfono para informarme. Los diarios no dicen nada y la televisión, bah, la televisión es el opio del pueblo, como dice Lennin. Llamo por teléfono a los banqueros, parlamentarios, generales, periodistas, ministros, tiras como Raúl, ladies que husmean en el interespacio cerrado, como dice Balzac, entro en contacto con uno y otro lado de la cortina y al final del día ya sé para soplará el viento; ahí despliego mi vela, me entiende, y voy vendiendo mis especias a los ofuscados, y el producto lo convierto en diamantes y sellos, una fortuna que puedo transportar en la concha de una virgen si llegara a necesitar huir de alguna coyuntura; pero ese momento todavía no llegó, es época de plantar la guita y cosecharla dorada y jugosa en las víceras de los ambiciosos, como dice Mahatma Gandhi. No tomo más merca, no vendo lo que está pensando, hay mucha gente en eso y el vicio legal da más, que lo diga la Souza Cruz. Conozco todos los bacanas del mundo y sé que son todos unos culo roto. Cuando era niño veía a las mujeres pasando desdeñozas en sus coches, las manos atiborradas de joyas, y deseaba ardientemente tenerlas agarrándome la pija. También quería, por la misma época, conocer a Carlitos, pero se murió antes. Murió, que se joda. Nunca tuve un ídolo. En una época pensé en Jesús Cristo, pero fue un tipo fracasado, como dice el Cardenal Arzobispo. Me entiende?. Ya trafiqué maní, pomada para los zapatos, chiclets, caño de chumbo, porro, merca, limón robado en la feria, no en ese orden. Fui dentista de media noche. Viví en las cloacas con las ratas. Ya me escupieron, me mearon y me cagaron. O me moría o me convertía en esta maravilla que soy.

Nariz de Fierro, que era un enano pero tenía la postura de un gigante petulante, se levantó y volviendo su enorme cabeza de pelo encrespado, me exhibió su perfil. Su inmensa nariz, de líneas perfectas, era un poco más negra que su rostro.

“Yo me preparé para enfrentar la adversidad. Estoy acabando de escribir el Manual de los Frustrados, Jodidos y Oprimidos. En él describo minuciosa y sistemáticamente los métodos más sucios y destruidores para deshacerse de cualquier enemigo, sea quien sea, fuerzas armadas, compañías de servicios públicos, compañias de tarjetas de crédito, bancos, la policía, el propietario, el encargado, el local comercial, cualquier persona o institución que tenga poder y cague a los otros. Enseño la técnica adecuada para arrazar, desmoralizar, arruinar, aniquilar, exterminar individuos y organizaciones odiosas, muestro cómo atacar saliendo de las sombras, como atormentar y destruir sin misericordia. Por su cara estoy viendo que no le gusto mucho”.

“Se engaña. Me gustan las personas que no saben cuál es su propia altura”, respondí.

Nariz de Fierro reflexionó por un instante.

“Soy un enano, pero no estoy marcado para morir”.

Escrito por ainoa simone
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que la inocencia nos valga

Archivado en General • Fecha: 19-06-2007 19:53:57

La constatación de que hay un niño pasando hambre y frío mientras se droga en una esquina de Montevideo, o de Sao Paulo, o de Buenos Aires no es noticia, por eso las agencias no lo reproducen, los diarios no lo publican, las radios no lo comentan. Y el que lo sabe y lo ve, lo vemos, no se siente responsable ni por acción ni por omisión, ni juez ni parte de ese algo que genera horrores cotidianos que pierden la capacidad de sorprendernos bajo el manto de lo común. Somos todos ajenos al hecho, inocentes.



Que la inocencia nos valga (o De sorpresas e inocencias)

Escucho una radio uruguaya mientras leo diarios brasileños. Veo que un medio de prensa uruguayo califica de “sorprendente” la noticia de que se haya descubierto que una abogada intentaba ingresar un revolver calibre 38 con cinco balas al Penal de Libertad, obviamente para dárselo a un preso cliente suyo.
Me emociona la “sorpresa” charrúa. Me hace acordar a la del padre paisano de “M’Hijo el dotor” de Florecio Sánchez, cuando le pregunta con genuina inocencia a su hijo erudito, estafador y liberal “pero eso es lo que te enseñaron los libros?.
En Brasil, país donde vivo, las denuncias contra abogados ya no sorprenden. Al fin y al cabo, por qué no habrían de actuar fuera de la ley los “dotores”, si así lo hacen por ejemplo los presidentes de la república, como Fernando Collor de Mello, quien incluso después de ser destituido por corrupto resultó elegido senador; o ministros, como el ex de Economía del presidente Luiz Inacio Lula da Silva, Antonio Palocci, quien perdió el cargo por usar recursos ilegales para desacreditar a un empleado que declaró en su contra ante una comisión parlamentaria que lo investigaba por desvíos de dinero público cuando era alcalde de una ciudad de Sao Paulo, y un año y pico después fue elegido diputado federal.

Me pregunto qué país es más absurdo, si el que ya está tan acostumbrado a que “roben todos” que ya nadie se sorprende por nada, donde ni siquiera importa que en virtud de los deslices de “los dotores” haya más de 11 millones de personas pasando hambre (según datos oficiales de 2006), o el que recién se desayuna que “roban todos”, incluso los dotores, y ve a su población reproducirse por debajo de la línea de pobreza mientras las vacas disfrutan de los campos, mientras sus dueños, los de las vacas y los campos, disfrutan de las rentas.

El Ministerio del Interior de Uruguay “podría comenzar a revisar a todos los defensores que ingresan en establecimientos” carcelarios, fue la respuesta del gobierno a la “sorprendente” noticia de que hay una abogada delicuente. Ojo, porque si ocurre lo mismo que sucedió en Brasil, los letrados se van a sentir ofendidos. Cuando un grupo de abogados brasileños fue preso por comprobárseles vinculaciones con líderes del crimen organizado presos, se sugirió la posibilidad –tal vez, quizá, a lo mejor - de que los “dotores” fueran revisados al ingresar en las prisiones, al igual que cualquier otro mortal. Raudos y eficaces, los abogados se levantaron en leyes, blandieron derechos, abogaron en favor de sus privilegios y, para sorpresa de nadie, todo quedó en nada.

Lo absurdo no sorprende a nadie. La constatación de que hay un niño pasando hambre y frío mientras se droga en una esquina de Montevideo, o de Sao Paulo, o de Buenos Aires no es noticia, por eso las agencias no lo reproducen, los diarios no lo publican, las radios no lo comentan. Y el que lo sabe y lo ve, lo vemos, no se siente responsable ni por acción ni por omisión, ni juez ni parte de ese algo que genera horrores cotidianos que pierden la capacidad de sorprendernos bajo el manto de lo común. Somos todos ajenos al hecho, inocentes.

Hablando de inocentes y culpables, me sorprende –con inocencia charrúa- una noticia datada en Brasilia el 13 de junio y divulgada por la versión electrónica del diario “Correo Brasilienze”. Dice que dos hermanas de 19 y 23 años, madres solteras de tres y dos hijos respectivamente, fueron presas por robar una caja de bombones y una cajilla de fósforos en un supermercado. Parece ser que el caso sólo adquirió el status de “noticia” porque la comisión de derechos humanos de la Cámara de Diputados tramitó que las jóvenes aguarden la condena en libertad, tal como lo prevé la ley. Ese derecho lo deberían haber obtenido al momento de ser detenidas, pero según explicó la diputada Erika Kokay, tuvieron que pasar seis días presas junto a otras prisioneras más peligrosas –lo que es contra la ley ya que ambas eran reas primarias-, porque “no tienen recursos financieros para contratar un abogado” y deben aguardar la fila de la defensoría pública. Durante esos días en que el manto de la ley no llegó hasta los sótanos sociales para cubrirlas, la hija menor de una de ellas, de siete meses, pasó llorando sin comer nada,
acostumbrada como estaba a la teta de la madre, según relató una vecina. Las jóvenes fueron acusadas de intento de hurto calificado (porque cuando fueron descubiertas con los bombones y los fósforos intentaron escapar) y podrán ser condenadas a entre dos y ocho años de prisión.

Ante la ley, ellas son culpables y nosotros, los que no dormimos debajo de los viaductos, ni comemos entre las ratas del basural, ni nos sorprende –incluso nos molesta- que un niño descalzo mendigue una moneda en el semáforo, somos inocentes. Que la inocencia –y su hija la sorpresa- nos valgan.



Escrito por ainoa simone
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